O Republicário
Vamos a crear una República. ¿Qué necesitamos? Un himno. Hecho. Una Constitución, que garantice derechos y deberes. Hecho. ¿Falta algo?
Tal vez una bandera nacional. Con dos colores y 12 bolitas que representan las 12 ciudades de la República No-sé-cuántos, conquistadas en la Revolución que liberó a este País del yugo del… tiranuelo, el Monstruo de los siete estómagos que se llenaba la panza con el trabajo esclavo de los ciudadanos.
En esta República recién inventada, contamos la historia de un vendedor de enciclopedias que recorre, sentado sobre su famosa y oxidada bicicleta apodada «Princesa», el país de punta a punta, y que adora escuchar en la radio el fado desafiado [fado improvisado, a modo de duelo cantado].
Todo iba bien en la mejor de las Repúblicas posibles, pero cierto día todo parece desmoronarse. De repente algo perturba a los ciudadanos de la República y, a partir de ese día, ya nadie recuerda el himno nacional. ¿Nadie sabe la diferencia entre la República y la Democracia? ¿Por qué es importante votar? ¿O siquiera qué es la República?
El País entra en crisis. Se organizan debates en la emisora nacional. Pero ni en las Enciclopedias que vende nuestro Republicario [nuestro «vendedor de República»] se encuentran las respuestas. Al parecer están incompletas y traen algo extraño que invade el espacio público y aturde a los ciudadanos de la República No-sé-cuántos.
¿Será culpa suya? El Republicario, sin respuestas, y para salvar la cara, se lanza a una gran aventura para intentar salvar la República y sus símbolos, mientras tanto olvidados. De paso, incluso se propone corregir algunas erratas.
¿Tendrá esta República salvación?
Guerra Junqueiro nos dejó el lema de este espectáculo: «Hay más luz en las 24 letras del alfabeto que en todas las constelaciones del firmamento.»